La enfermedad que sufría el padre de Lady Di cuando la llevó al altar ante Carlos de Inglaterra
John Spencer tenía sólo 57 años cuando fue el padre de la novia en la Boda del Siglo y su aspecto preocupó a los 750 millones de espectadores que siguieron el acontecimiento por televisión
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John Spencer, el VIII conde Spencer, (1924),era miembro de una dinastía con profundas raíces históricas, más antiguas del Reino Unido. Una familia que se remontaba en el linaje a tiempos anteriores a los Windsor. Formó parte de los cuerpos militares próximos al rey Jorge VI y de su hija, la reina Isabel II. En 1954, se casó con Frances Ruth Burke Roche, con quien tuvo cinco hijos, incluida la menor, Diana (nacida en 1961), que pasó a la Historia y a esta historia. El matrimonio firmó el divorcio en 1969, marcando a la benjamina, que quedó bajo la custodia de sus hermanos.
No tuvo una infancia fácil la futura princesa de Gales. El padre se casó con Raine McCorquodale, hija de la novelista de obras románticas por antonomasia, Barbara Cartland. No fue una buena madrastra y la pequeña le llamaba "Lluvia ácida" por el nombre "Raine" (que sonaba como "rain", lluvia). En 1981John había heredado el título de conde tras la muerte de su padre en 1975, y residía en la campiña, en Althorp.
En la mañana del 29 de julio de 1981, el mundo entero centraba su atención en la boda de Lady Diana Spencer y el príncipe Carlos, que al fin se casaba, en una ceremonia oficiada en la londinense Catedral de San Pablo. Fue conocida como "la Boda del Siglo". El padre de a novia tenía entonces de 57 años y su aspecto no podemos compararlo con los hombres que ahora rondan los 60 años. Estaba avejentado, por una juventud marcada por la Segunda Guerra Mundial y por una grave dolencia (que fue confudida con que sufría efectos de una borrachera). El conde de Spencer acompañó a su hija al altar ante 3,500 invitados y una audiencia ante el televisor de 750 millones de espectadores.
Ese momento de acompañar a su hija estuvo empañado por su estado de salud. En 1978, tres años antes de esta boda, el noble había sufrido un grave ictus que lo dejó al borde de la muerte. Estuvo varias semanas en coma y su recuperación fue lenta y parcial, con muchos problemas de movilidad. Aunque logró rehabilitarse lo suficiente para una vida autónoma, las secuelas eran evidentes. El habla la tenía afectada y sus movimientos era vacilantes. Pero no era por el alcohol, como de forma maliciosa interpretraban a la ligera los espectadores.
Durante la boda, auqnue no fue entendido del todo, John mostró entereza sin importarle que no estaba en un buen momento. El camino al altar fue más complicado de lo que pareció. Caminó del brazo de su hija con dificultad y quienes lo vieron notaron el esfuerzo físico que le supuso. A pesar de sus complicaciones de movilidad quería estar junto a la pequeña Diana en su momento culminante, sin imaginarse nadie en ese momento el complicado matrimonioo que iba a vivir.
Pese a los problemas en las piernas, John Spencer cumplió con su deber de padre de la novia aunque su delicado estado le obligó a mantenerse en un segundo plano durante las celebraciones posteriores. A la "lluvia ácida", a su esposa Raine, no se le asignó un sitio de honor en la catedral ni fue invitada a aparecer en el balcón del Palacio de Buckingham junto a la familia real, exclusión que se atribuyó a decisión personal de Lady Di. La madastra murió en 2016.
John Spencer tuvo unos años posteriores en los que el ictus le desencadenó una calidad de vida cada vez peor. Murió el 29 de marzo de 1992, a los 68 años, por un infarto cuando estaba ingresado por neumonía. Su muerte ocurrió apenas cinco años antes del trágico accidente de su hija en 1997. Falleció cuando la tormenta en torno al matrimonio de los príncipes comenzaba a llenar portadas.
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