Política, historia y desmemoria en el callejero

Una calle a una duquesa que nunca lo fue o una plaza a una abadía que no existió Cada etapa implica nuevos nombres, aunque el imaginario colectivo tiende a olvidar personajes y hazañas

Política, historia y desmemoria en el callejero
Política, historia y desmemoria en el callejero
Encarna Maldonado Málaga

21 de febrero 2016 - 01:00

"El 90% de los ciudadanos no sabe el porqué del nombre de las calles de su ciudad. O no conoce al personaje a quien se dedica o cree que es otra persona". Pedro Luis Pérez Frías, historiador del grupo Crisol Malaguide de la Universidad de Málaga aporta un ejemplo elocuente: la plaza Jardín de la Abadía. Nunca hubo una abadía en esta populosa plaza. En realidad, es el tributo que la ciudad le rindió en la segunda mitad del siglo XIX al militar Francisco Javier de Abadía y Araigorri, general durante la Guerra de la Independencia que empleó muchos años de su vida en levantar un jardín de aclimatación en unos terrenos cedidos por la Diputación para facilitar la adaptación de plantas traídas de otros países. Inopinadamente, con el paso de los años se coló un artículo en el nombre oficial de la plaza, mientras la identidad del general se diluía. Actualmente el callejero del Ayuntamiento de Málaga sostiene que no existe ninguna referencia histórica sobre esta plaza.

Este caso no es una excepción. También es notorio el de la calle Duquesa de Parcent, que en realidad nunca fue duquesa, sino condesa. El primer título nobiliario lo ostentó en realidad, la mujer con la que su marido contrajo matrimonio años después de enviudar. A esta confusión se suma también la falta de conocimiento sobre quién fue en realidad Josefa Ugarte Barrientos, Pepita Barrientos, condesa de Parcent y escritora del siglo XIX.

Pedro Luis Pérez Frías, historiador y teniente coronel en la reserva, señala cómo los callejeros urbanos han evolucionados a golpes de historia y política, aunque siempre también bajo el tamiz de los usos y costumbres. Precisa que el primer cambio generalizado en las calles se produjo con la llegada de los Reyes Católicos. Los planos en los siglos XVI y XVII, en realidad, no identificaban las calles por sus nombres, sino por las familias más notorias que vivían en ellas. A partir del siglo XVIII se hizo necesario introducir criterios que permitieran identificar y delimitar las vías urbanas más allá de los apellidos familiares. Finalmente, en el siglo XIX, bajo el impulso del Instituto Geográfico Estadístico, se dictó un real decreto que unificaba y regularizaba las nomenclaturas. A tal efecto, en 1887 se creó en Málaga una comisión para cumplir aquel real decreto, depurar los nombres y los números de las calles, eliminar duplicidades e identificar aquellas vías que todavía carecieran de nombre. Fue entonces también cuando se decidió la numeración tal y como se conoce hoy y la alineación de los números pares e impares. En aquel momento, uno de los criterios que se adoptó fue elegir personajes ilustres o cuya labor hubiera sido meritoria, así como eventos relevantes o tradiciones.

Una anécdota que queda de aquella época es la calle dedicada en la ciudad de Málaga al general Ibáñez. El grupo municipal de Izquierda Unida la incluyó en un listado de nombres del franquismo dadas a vías públicas que llevó al pleno en 2011 para que se retiraran en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. Sin embargo, Pedro Luis Pérez Frías está convencido de que este general Ibáñez, en realidad, fue Carlos Ibáñez, marqués de Mulhacén, un científico eminente del siglo XIX que llegó a presidir el Instituto Geográfico.

El historiador de Crisol Malaguide precisa que la I y II República, la Restauración, la Dictadura y, posteriormente, la Transición han sido los periodos históricos contemporáneos en los que se han realizado mayores modificaciones en el callejero empujados por los cambios políticos. "La componente política en el callejero no se puede evitar". Afirma que no debe escandalizar, pero también defiende que lo ideal es que las transformaciones sean mínimas sobre todo cuando las denominaciones están muy asentadas en el imaginario colectivo. Un ejemplo significativo es el del Hospital Regional Universitario de Málaga. Hace ya varios años que luce este nombre en la cartelería de las instalaciones hospitalarias, pero la ciudadanía sin excepción mantiene su denominación anterior: Carlos Haya, capitán muerto en un accidente de aviación durante la Guerra Civil.

La presa del Limonero contiene una de las anécdotas más deliciosas. Levantada a mediados de los años 80 al norte de la ciudad para regular las avenidas de agua y evitar las tradicionales inundaciones urbanas. El historiador Pedro Luis Pérez Frías indica que recibió el nombre de la finca El Limonero, que se ubicaba en aquella zona. Sin embargo, en su origen aquel terreno se llamaba El Limosnero, en alusión al limosnero mayor de la Reina Católica, Pedro Díaz de Toledo que fue, además, el primer obispo de Málaga. Con el paso de los años, en algún momento se debió caer la letra s, de modo que la primero la finca y después la presa acabaron siendo El Limonero.

El investigador subraya la necesidad de dar a conocer las razones históricas que encierra el callejero de la ciudad. En este sentido, recoge la idea lanzada en su momento por la catedrática Rosario Camacho de acompañar cada calle de un pequeño cartel explicativo con algunos datos esenciales del personaje al que se dedica la vía, al tiempo que pone de relieve la necesidad de que el Ayuntamiento actualice las reseñas históricas del callejero municipal y propone crear actividades divulgativas en los colegios para que los niños conozcan al menos los personajes de la zona donde viven.

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