Abusaba de su hijastra, la amenazaba con enterrar a su madre en un pozo en Málaga y le prohibía tener novio

El acusado, que irá seis años a prisión, tenía atemorizada a la menor y le metía un calcetín en la boca cuando la agredía

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El edificio de la Ciudad de la Justicia en Málaga
El edificio de la Ciudad de la Justicia en Málaga / Javier Albiñana

Abusó de su hijastra, que tenía 13 años, en al menos diez ocasiones, no quería que tuviera novio ni que vistiera pantalones cortos, le controlaba el teléfono y la amenazaba con “enterrar a su madre en un pozo” si lo denunciaba. La menor sentía miedo, congoja y vergüenza, y ello derivó en que se negara a que, tras romper su silencio, la examinara un médico forense y ocultara, en su primera declaración, detalles sobre la “violencia sexual” que había vivido. Las actuaciones llegaron a archivarse, pero las conclusiones posteriores del informe pericial tras ampliar su denuncia fueron taxativas. El acusado ha sido condenado a pasar seis años en prisión, otros seis bajo libertad vigilada y, durante nueve, no podrá acercarse a la víctima, a la que deberá indemnizar con 25.000 euros por los “daños morales causados”, según la sentencia condenatoria, a la que ha tenido acceso este periódico.

“Como grites, mato a tu madre”

El fallo judicial recoge que la niña soportó también agresiones físicas a manos del procesado, con el que su progenitora mantenía una relación sentimental tras haberse separado de su padre biológico. El Tribunal Supremo, que ahora ha ratificado la pena de cárcel dictada por la Audiencia Provincial de Málaga tras desestimar el recurso de casación de la defensa, alude además a la “intimidación” detectada en la conducta delictiva del agresor, del tipo: “Como grites, mato a tu madre” o “Si cuentas algo nadie te va a creer”. Y detalla la “situación de más miedo” por la que atravesó cuando su padrastro “le metió un calcetín en la boca”, mientras ella “cerraba las piernas”, temerosa de que esa vez sí consiguiera acostarse con ella.

Con la pretensión de “conseguir sus propósitos libidinosos”, el abusador trató, también, de enfrentarla con la madre, a la que, una vez que enfermó, le deseaba la muerte para lograr hacerse él cargo de los dos hijastros. Cuando se quedaban sólos, intentaba hacer creer a la menor que su progenitora “no les atendía, que siempre estaba trabajando y que a él le ponía los cuernos”, con lo que pretendía justificar “que buscara a otra persona”.

La sentencia revela también que los abusos a la menor ocurrían “en cualquier momento”, incluso cuando la llevaba al colegio. Su abusador le advertía que “estaba enamorado” de ella. En su declaración, la víctima recordó el “enfado” que a su padrastro le supuso un día enterarse de que ella “había perdido la virginidad” con su novio, y subrayó el temor que sentía a que le hiciera daño tanto a ella como a su hermano, con los que se mostraba “muy agresivo”. La sentencia destaca la “desafección hacia los dos menores por parte de su padre biológico”.

El individuo había iniciado en 2011 una relación con la madre de los dos niños, que poco después se trasladaron a su casa. Durante la convivencia, que se prolongó tres años, la víctima comenzó a verse sometida a “tocamientos, cachetadas, miradas” y otros abusos a manos del agresor.

La menor decidió contar lo sucedido en una reunión familiar. Su progenitora denunció al responsable y fue entonces cuando se activó la maquinaria judicial. En la exploración de la adolescente, los investigadores detectaron “sintomatología específica relacionada con una presunta vivencia de violencia sexual en la infancia”. La menor. que necesitó ayuda psicológica, sentía “miedo y rechazo al agresor, culpabilidad, rabia e impotencia ante el recuerdo y dificultades en la intimidad con el sexo opuesto”, según se desprende de la resolución judicial.

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