La construcción necesita 10.000 trabajadores más en Málaga, pero no los encuentra

La escasez se extiende a todos los perfiles profesionales, aunque los encargados y los jefes de obra son especialmente cotizados

Más envejecido y con menos relevo: la evolución del mercado laboral de Málaga en los últimos 50 años

Trabajadores en una obra.
Trabajadores en una obra. / JAVIER ALBIÑANA

El tema se ponía sobre la mesa el jueves, durante el Pleno del Ayuntamiento de Málaga, cuando vecinos de las 35 Viviendas de Protección Oficial (VPO) que se están construyendo en la avenida Ingeniero José María Garnica pedían explicaciones ante la lentitud de los trabajos, que tenían que haber finalizado en junio de 2024. "Garnica está teniendo retrasos porque las empresas tienen dificultades para encontrar trabajadores y llevar los ritmos que le habíamos planteado, está pasando en Málaga y en todo el país", aseguraba al respecto el concejal de Vivienda, Francisco Pomares, que añadía que la nueva fecha marcada en el calendario por la UTE a cargo del residencial es ahora mayo de este año y que se la penalizará económicamente por la demora conforme al pliego de condiciones. En plena crisis habitacional, a la que, en palabras del propio Pomares, se trata de poner remedio erigiendo "barrios nuevos" (en referencia a los desarrollos en Universidad, Cortijo Merino y Distrito Zeta), saber hasta qué punto falta mano de obra para levantar viviendas y cómo repercute al usuario se vuelve una cuestión pertinente. Lo cierto es que a nivel provincial, según los cálculos de la Asociación de Promotores y Constructores de Málaga (ACP), este déficit se encuentra en estos instantes en torno a los 10.000 profesionales. Y la previsión es que siga aumentando sin remedio durante los próximos años, de manera que para 2035 se sitúe ya en 37.000.

"Es uno de los principales problemas que tenemos ahora, faltan perfiles de todo tipo: tanto técnicos como personal de base", asegura en conversación con este periódico la secretaria general de la ACP, Violeta Aragón, que añade que la situación ha empeorado recientemente. "Antes íbamos tirando con el personal que venía de otras provincias andaluzas, pero eso nos está costando cada vez más. Ahora hay más actividad en el sector allí y muchos prefieren quedarse cobrando un poco menos, pero sin desplazarse. A esto tenemos que sumar el problema para acoger gente de fuera que tenemos en Málaga con el precio de la vivienda". Ante la menguante capacidad de atraer profesionales de provincias cercanas se podría ver como alternativa tratar de que estos vengan de otros países, a pesar de que la escalada de precio de la vivienda es transversal a las nacionalidades. "La legislación tampoco nos lo pone fácil porque sólo facilita que vengan los profesionales cuyo trabajo figura en el catálogo de ocupaciones de difícil cobertura del Ministerio", lo que implica, para el empleador, la posibilidad de tramitar la autorización para residir y trabajar.

Estas carencias, como se apuntaba, se extienden a casi todos los escalafones y funciones, aunque si hubiera que señalar un par de puestos como los más cotizados estos serían los encargados y los jefes de obras. La lista completa, en cualquier caso, es desde todo ángulo inabarcable: encofradores, ferrallistas, electricistas... El problema, más allá de las vacantes por cubrir, ocupa y preocupa a largo plazo en el sector por la falta de relevo, que no entiende de nacionalidad, lugar de residencia ni perfil, puesto que la media de edad de los trabajadores es más bien elevada y el flujo de jóvenes, escaso. "Estamos trabajando en esa línea, con campañas para mostrar los atractivos del oficio, con la Fundación Laboral de la Construcción", recalca Aragón, que apostilla que incluso están teniendo complicaciones para delegar en subcontratas y evitarse esa situación de primera mano porque "a ellas les ocurre lo mismo". Sin ir más lejos, la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), asegura que los menores de 30 años solo suponen un 9% de las plantillas, al tiempo que los mayores de 55 representan el 20%. Una coyuntura, la de la falta de trabajadores, que, relata Aragón, repercute en la velocidad a la que pueden levantar nuevas promociones. "Necesitamos hacer viviendas a un ritmo determinado, pero para ello necesitamos personal, si no, no podemos. Las empresas están teniendo que renunciar a contratos por la imposibilidad de ejecutarlos y eso está conllevando a retrasos en las obras y a un incremento del precio que se traslada al usuario final", explica.

Simplificación del proceso constructivo

Este escenario, que ha derivado en una ralentización de los trabajos, se está tratando de paliar también a rebufo de los avances tecnológicos cambiando el modo de trabajo. "No es la solución al problema de base, pero ya planteamos la posibilidad en algunos de los proyectos para que sean viviendas industrializadas". O sea, que se traigan directamente algunos equipamientos de fábrica, en el caso de cocinas o baños, para simplemente colocarlos; ahorrándose unos cuantos pasos intermedios. "Es una forma que puede agilizar. En vez de enconfrados tradicionales se hacen algunas estructura de madera ya enteras, sin depender de ferralla, encofrado y hormigoneros". Una dinámica que cuenta con resultados tangibles en los proyectos privados y que se trata de extender a las administraciones. "Algunos edificios públicos se hacen ya así, en nuestro caso, estamos estudiando con el Ayuntamiento cómo implementarlo en las VPO", afirma.

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