Institutos de investigación de la Universidad de Málaga: estudios desde oncología hasta la sequía

La UMA cuenta con 23 organismos, un "poquito más apurados" por la situación económica

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El director del Instituto Andaluz de Investigación e Innovación en Turismo (IATUR), Enrique Navarro, posa para esta entrevista.
El director del Instituto Andaluz de Investigación e Innovación en Turismo (IATUR), Enrique Navarro, posa para esta entrevista. / Carlos Guerrero

En los últimos años, la Universidad de Málaga ha reforzado su vertiente de investigación a nivel andaluz e incluso nacional. Su compromiso con la creación, difusión y transferencia del conocimiento ha transformado no solo su estructura interna, sino también la relación con empresas, administraciones públicas y la sociedad en general. Esta estrategia, fundamentada en la promoción de institutos de investigación, busca superar la percepción de "aislamiento académico" y posicionar a la UMA como un agente clave en el desarrollo del campo de la investigación en todas sus ramas.

La UMA ha apostado por promover la creación de Institutos Universitarios de Investigación como agentes del conocimiento reconocidos por la Junta de Andalucía. Este enfoque permite una mayor colaboración interdisciplinar y facilita el acceso a recursos, tecnología y redes de apoyo. Según explica el director del Instituto Andaluz de Investigación e Innovación en Turismo (IATUR), Enrique Navarro, en una entrevista con Málaga Hoy, estos centros son organismos que "investigan y transfieren conocimiento a través de proyectos y contratos, creando un puente efectivo entre la academia y las necesidades de la sociedad".

En 2015, la universidad contaba con apenas cuatro institutos. En 2024, esta cifra ha ascendido a 23, de los cuales el 70% están reconocidos como agentes del conocimiento andaluz o son institutos mixtos que colaboran con entidades como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Esta expansión se debe, en gran medida, a la "visión política y administrativa del equipo rectoral", que desarrolló un reglamento específico para facilitar la creación de estos centros y garantizar su viabilidad.

La interdisciplinariedad es uno de los pilares fundamentales de esta estrategia. La complejidad de los retos actuales, desde el turismo hasta la inteligencia artificial, requiere la colaboración de múltiples disciplinas en un mismo grupo de investigación, que puede alcanzar hasta los 50 o 70 miembros. "El investigador aislado en su despacho es cosa del pasado; hoy en día, el avance se logra uniendo fuerzas entre disciplinas y con el apoyo de institutos especializados", señala el también catedrático.

Un ejemplo destacado es el Instituto Andaluz de Turismo, resultado de la colaboración entre las universidades de Málaga, Granada y Sevilla. Este instituto no solo genera investigaciones innovadoras, sino que también responde a demandas concretas de empresas y administraciones, como planes de gestión turística y sistemas de información para el sector. La transferencia del conocimiento no se limita a publicaciones académicas, sino que se materializa en proyectos aplicados que "impactan directamente en la sociedad".

El crecimiento de los institutos de investigación en la UMA no habría sido posible sin el respaldo de la institución. La universidad proporciona recursos económicos, personal técnico y normativas adaptadas para facilitar la transición de institutos emergentes -así se les denomina el primer año de investigación- a agentes consolidados del conocimiento andaluz. "Esta visión política ha sido clave para nuestro desarrollo porque sin este respaldo, muchos institutos no habrían alcanzado el nivel de excelencia que tienen hoy", afirma Navarro.

Además, la universidad fomenta la interacción entre institutos para maximizar su potencial colaborativo. Jornadas y seminarios permiten que investigadores de diferentes áreas compartan conocimientos y emprendan proyectos conjuntos. Este enfoque fomenta tanto la excelencia académica como también un entorno de trabajo más humano y cooperativo. Aunque el director lamenta que solo interactúen en estas circunstancias, ya que su relación es "como de vecinos", solo conocen a los que "tienen cerca".

A pesar de los avances, Navarro reconoce un desafío pendiente: mejorar la difusión de sus investigaciones entre la sociedad, que no "se quede solo en las revistas académicas". Aunque la relación con empresas e instituciones es sólida, la percepción pública de la universidad como un actor clave en la generación de conocimiento aún no se ve reflejado en cuanto a impacto. "Quizás nos falta dar a conocer más lo que hacemos porque las empresas a veces tienen respuestas más ágiles, pero necesitamos priorizar también la comunicación hacia la ciudadanía", reflexiona.

La Universidad de Málaga ha demostrado que la combinación de visión estratégica, apoyo institucional y colaboración interdisciplinar puede transformar una institución académica en un motor de desarrollo para la sociedad. La apuesta por los institutos de investigación ha fortalecido su capacidad investigadora, pero también ha consolidado su posición como referente en transferencia del conocimiento. El reto ahora es que este impacto sea percibido y valorado por todos los sectores de la sociedad, destacando el papel de la universidad como agente de cambio e innovación.

Además de los contratados -investigadores y doctorandos-, la labor de los técnicos en los institutos de investigación las describe como "fundamental y polifacética". Los técnicos, que pueden ser dos o tres personas dentro del grupo, tienen dos misiones principales: una administrativa, como la gestión de correos, la página web y la difusión de eventos, y otra más técnica, que consiste en apoyar la investigación. Por ejemplo, ayudan a identificar convocatorias, presentar proyectos y buscar vías de financiación.

"Muchos de ellos tienen másteres, necesitamos que tengan capacidad para apoyar a los investigadores en la generación de currículos y en la presentación de solicitudes de proyectos relevantes para cada grupo de investigación", explica. La carga de trabajo de los investigadores, en muchos casos, se ve afectada por la gestión administrativa: "Es absurdo que un director de proyecto dedique el 70% de su tiempo a la gestión y solo un 30% a investigar; la idea es que los técnicos asuman estas tareas, como la organización de talleres, la logística de eventos o la preparación de seminarios".

Institutos en la UMA

De los 23 institutos, seis están centrados en tecnología, uno en salud, tres en ciencias, ocho en ciencias sociales y cinco en humanidades. "El 70% de los institutos son agentes del conocimiento andaluz o mixtos, y siete están en fase de consolidación para alcanzar esta categoría, esto refleja la diversidad y el crecimiento de la UMA como núcleo de innovación", detalla el director de IATUR. Dentro de los 23 grupos, dos son mixtos, siete son emergentes y 14 son los agentes del conocimiento reconocidos por la Junta.

Algunos institutos destacados son el Instituto de Investigación Biomédica y Plataforma en Nanomedicina (IBIMA Plataforma BIONAND), que dedica buena parte de la investigación a la oncología, y el Instituto de Biotecnología y Desarrollo Azul (IBYDA), que aborda temas como la sequía y la calidad del agua, temas "muy presentes en la actualidad". En el campo de la tecnología, la colaboración con empresas ha sido esencial: "El ecosistema de conocimiento que ofrecemos ha atraído a empresas como Google y Vodafone, que han encontrado aquí los ingenieros y técnicos cualificados que necesitan".

Un ejemplo claro de la riqueza multidisciplinar de los institutos es el Instituto Andaluz de Investigación e Innovación en Turismo, de las Universidades de Granada, Málaga y Sevilla (IATUR), que él mismo dirige. Cuentan con más de 80 miembros que abarcan desde ingenieros y matemáticos hasta historiadores del arte, economistas y expertos en derecho, además de expertos en turismo. Esta diversidad les permite abordar temas complejos desde "diferentes ángulos".

El impacto social de estas investigaciones es "evidente". "El tema de la vivienda turística, por ejemplo, tiene repercusiones significativas en la sociedad y por eso, organizamos seminarios como el reciente encuentro andaluz sobre derecho y vivienda turística, donde trasladamos los avances en investigación a la administración y las empresas", indaga Navarro. Temas tan de actualidad que, defiende, deben ir de la mano de la investigación y en consonancia con las preocupaciones de la sociedad.

Uno de los retos de los institutos, según el director, es la dispersión de los organismos en diferentes ubicaciones. "Creemos que estar físicamente más cerca fomenta la colaboración y por eso trabajamos en una estrategia para unificar los institutos en espacios comunes, lo que permitirá una interacción más directa y eficiente entre equipos", sentencia. La relevancia de la investigación de la UMA se refleja en su impacto directo en la población: "Las investigaciones son vanguardia, mejoramos procesos técnicos, desarrollamos herramientas tecnológicas y damos soluciones a problemas de salud, comunicación o gestión".

El apoyo de la inteligencia artificial

"La inteligencia artificial es una herramienta, no el objeto de estudio", puntualiza el director de IATUR. Según Navarro, el impacto de esta tecnología en la investigación es innegable, ya que les está apoyando a "ser más rápidos a la hora de tener un mayor conocimiento", por ejemplo, de otras investigaciones que se hayan realizado sobre el tema. El investigador y catedrático destaca la utilidad de herramientas específicas para ámbitos académicos: "Hay una inteligencia artificial exclusivamente académica, donde solamente está basado en artículos científicos de una base de datos como Scopus".

Navarro ejemplifica este avance con un proyecto en el que analizaron el sentimiento social ante fenómenos meteorológicos catastróficos en Málaga respondiendo a qué opina la sociedad sobre eso o qué sentimientos tiene: "¿En qué me basé? En periódicos, y cuando empezamos a recopilar noticias y teníamos 300, esto no lo procesa la cabeza; entrenamos una inteligencia artificial para que supiera leer esos periódicos y nos hiciera un análisis de sentimiento sobre lo que opinaban cada uno de los actores". Este sistema permitió analizar "no solamente 30 noticias, sino 300 a la vez, y lo mismo puede hacer con hasta 3.000 noticias".

A pesar de sus beneficios, Navarro advierte sobre los riesgos del mal uso de la IA: "Tiene peligros, pero todas las herramientas son peligrosas; un bolígrafo puede ser un cuchillo o puede ser para escribir la Carta de los Derechos Humanos, eso va a depender del uso". Además, insiste en la importancia de saber utilizar estas herramientas de manera adecuada. "Es como un niño pequeño que vas entrenando, si le haces las mismas preguntas siempre, se vuelve vago y no te contesta, pero si le haces preguntas interesantes, te va contestando y arrojando mucha información", defiende.

También hace hincapié en la necesidad de transparencia en el ámbito académico: "Ya te obligan a decir si te has apoyado en IA, lo importante no es apoyarte, lo negativo es no decirlo, que el proceso sea muy transparente, porque lo importante de la investigación científica es que el método sea replicable". Navarro señala que, aunque la inteligencia artificial ha revolucionado la investigación, "no podemos perder nuestras propias competencias para cambiarla, entenderla y adaptarla a nuestras necesidades".

Los desafíos económicos en la investigación

La universidad atraviesa una complicada situación económica que ha afectado también a los institutos de investigación. Según Enrique Navarro, el impacto se ha sentido especialmente en los años 2024 y en 2025. "Estamos negociando con el vicerrectorado y el rectorado intentando conseguir una dotación distinta, basada en los propios trabajos que realizamos, como contratos de investigación que puedan repercutir directamente en el instituto", indica.

El director de IATUR señala que los institutos están "un poquito más apurados", ya que el incremento presupuestario que se preveía para este año no se materializó como se esperaba. Frente a esta situación, comenta que el rector ha planteado la necesidad de que los institutos se vuelvan más "autosuficientes financieramente". "Podemos ser autosuficientes si se nos permite hacerlo", asegura, subrayando la importancia de establecer un sistema económico transparente y equitativo que permita seguir investigando y generando impacto.

El investigador destaca el papel crucial de la investigación en la UMA, no solo en términos académicos, sino también económicos. "Por cada euro que entra en la universidad, generamos 3 euros de impacto económico", afirma. Esta rentabilidad, según Navarro, no solo fomenta la innovación, sino que también impulsa la creación de empleo y nuevas oportunidades: "Somos rentables, la investigación tiene un impacto importante, y es necesario que se le dé el apoyo necesario para continuar generando beneficios tanto para la universidad como para la sociedad".

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