Málaga, refugio para abastecer de combustible a los 'narcolanchas': “Nuestras playas no pueden convertirse en una narcogasolinera"

Los grandes clanes del narco que operaban antes en el Campo de Gibraltar están ya introduciendo sus ‘gomas’ por la bahía, con seis detectadas en un mes cargadas de gasolina

Guardias civiles piden usar "armas largas" y "penas disuasorias" para el narco en Málaga: “Las multas son para ellos calderilla”

La narcolancha intervenida
La narcolancha intervenida

No son pocos los expertos avezados que asemejan la lucha contra el narco con el efecto globo: si se aprieta mucho en un sitio se mueve a otro. El fenómeno evidencia cómo la presión de las fuerzas de seguridad en el Campo de Gibraltar está desplazando el epicentro de las operaciones hacia la bahía de Málaga. Dos nuevas gomas localizadas hace un par de semanas en Guadalmar y Estepona elevaban ya a seis la cifra total registrada en la Costa del Sol en un mes, tres de ellas en playas de la capital. Al cobijo del temporal, con la pretensión de resguardarse del embate de los vendavales y el oleaje, fueron descubiertas abandonadas y cargadas, casi todas, de garrafas con residuos de combustible. Su presencia –ahora más habitual pero no inédita– ha servido de resorte para activar las alarmas en casi todo el territorio andaluz. Lo ejemplificaba hace unos días un alcalde almeriense: “Nuestras playas no pueden convertirse en la narcogasolinera de las mafias que operan a diario con impunidad”. Y lo denunciaban también policías afincados la Costa del Sol: “Las mafias saben que no hay vigilancia suficiente en el Estrecho, que es ya la autopista de la droga”.

El testimonio de investigadores que lidian a diario con el narco en la zona occidental de la provincia es más alentador. Recuerdan que la situación se remonta años atrás, con avistamientos de narcolanchas que entonces eran masivos. “La realidad es que están entrando muchas más por otras zonas, como el río Guadalquivir y el Guadiana. Hace un par de años en Málaga veíamos entre 6 y 7 todas las noches”, apostilla el experto a este periódico. Pese a todo, a su juicio, “son pocas” las que se detectan, aunque lo tengan “más fácil”.

El último hallazgo en el litoral malagueño ocurrió a mediados de marzo en una playa de Guadalmar. La embarcación, provista de tres motores, fue localizada en la misma zona en la que hace un mes se intervino otra cargada con petacas de combustible para surtir, supuestamente, a las que transportan la droga. El goteo no cesa. La anterior se encontró días más tarde en La Cala de Mijas. El 14 de marzo, otra narcolancha similar –en aquella ocasión sin carga– se detectó en el otro extremo de la capital, en la playa del Peñón del Cuervo. Y se prevé que sigan llegando, porque los traficantes, subrayan fuentes policiales, saben bien que tienen todas las de ganar. “Ellos trabajan como empresas. Tienen sus turnos y hacen relevos. Generan márgenes muy grandes, con medios casi ilimitados”, coinciden expertos.

Tiene un denominador común: son cada vez más violentos. El asesinato de dos agentes en Barbate da fe de la crueldad de pilotos temerarios que llegan a embolsarse hasta 50.000 euros por trayecto. El transporte ilegal de combustible en el mar es ya su nuevo gran negocio. Una actividad con un reproche penal insuficiente porque si los bienes incautados no superan los 50.000 se queda en infracción administrativa por contrabando.

300 euros por cada petaca de gasolina

Pero, ¿cuáles son los entresijos del fenómeno? Las organizaciones criminales, según la radiografía elaborada por expertos de la Guardia Civil con décadas de experiencia en el Servicio Marítimo, pagaban, hasta hace unos años, 300 euros por cada petaca de gasolina, potenciando una novedosa figura de la economía ilícita: el petaquero.

Su papel, surtir de víveres y gasolina a los ocupantes de las gomas. La hora de trabajo oscila entre los 500 y los 2.000 euros. Es la nueva ocupación de los aprendices de narco en el Campo de Gibraltar. En su caso, no son fardos de hachís lo que movilizan, sino garrafas de combustible para suministrar a las narcolanchas que esperan en alta mar. Aunque esta práctica ilegal ha sido tradicionalmente más habitual en el Campo de Gibraltar, fuentes policiales resaltan que también en los puertos de Marbella, Fuengirola y en el de la Duquesa, en Estepona, se han detectado embarcaciones de recreo con petacas.

Son más pequeñas que las que el narco maneja para mover los alijos de droga y también más baratas. “Hemos visto lanzar 40 o 50 petacas de gasolina a una embarcación semirrígida. Pueden entrar hasta 1.500 kilos de combustible”, aseguran. El problema radica en la dificultad de conectar cada aprehensión de gasolina con un alijo de hachís concreto.

Ante este nuevo escenario, la Asociación Profesional Justicia Guardia Civil (Jucil) ya ha solicitado que se les dote de armas largas a los agentes que se enfrentan a los clanes, que para proteger sus mercancía recurren a armas de guerra, con un alcance de 800 metros, frente a las modestas de la Benemérita.

El colectivo pide también que la suya se considere una profesión de riesgo. Desde la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), por su parte, insisten en reclamar al Ministerio del Interior que Málaga sea declarada Zona de Especial Singularidad, clave para disponer de más recursos por tierra, mar y aire en lugar de desplegar refuerzos puntuales. La petición es también defendida por la asociación profesional Independientes de la Guardia Civil (IGC), que aboga por restablecer el Organismo de Coordinación de Operaciones contra el Narcotráfico (OCON SUR), piedra angular de la lucha contra el narco entre 2018 y 2022.

El negocio del ‘petaqueo’, con cámaras nocturnas de 200.000 euros

En la Costa del Sol han sido varias las gomas abandonadas años atrás en playas del litoral malagueño, en varios casos, por un fallo de los motores, que ya suelen ser electrónicos, y la inaptitud del narco al que se le ha encargado el trabajo. Fuentes conocedoras del operativo de las mafias apostillan que los traficantes se juegan la vida porque “no tienen nada que perder”. “En una ocasión encontramos una embarcación impecable a la que no le funcionaba la dirección. El narco que está a 50 metros de la playa ve fantasmas por todas partes. No quiere que lo coja la Guardia Civil y se echa a nadar al agua; sabe que en unos metros puede buscar refugio en el chalet de un amigo”, relatan expertos en la lucha contra el narco. Pero actúan seguros. “Lo tienen todo muy bien estudiado y manejan muchos millones de euros, apoyados por gabinetes de abogados muy fuertes. Hacen cooperativas para parar los puntos en los que actúan las patrulleras de la Guardia Civil. Se distribuyen 80 ó 90 zonas del interior y de la costa”, afirman.

El momento “más crítico” y, a la vez, “más espectacular” es el del desembarco de la droga. Las bandas van por delante de la Guardia Civil. “Tienen cámaras de visión nocturna de última generación que cuestan 200.000 euros. Una de ellas fue intervenida en un edificio de la zona de Gibraltar. Se pagan los mejores medios y hasta compran a agentes de la autoridad. Ellos lo tocan todo”, aseveran.

El petaqueo “es un punto más para el alijo”. Pero, después, resta el trabajo duro. “Hay que llevar la droga a una guardería para que llegue a su destino, pasando por capitales como Madrid o Barcelona”, detallan. La sustancia llega enterrada, en zulos, en dobles fondos, bañeras de chalets que se abren con un botón y hasta en viviendas huecas, a modo de almacén, que esconden 4.000 kilos.

Cada actuación demuestra la impunidad con la que se mueven los encargados de llevarles suministros a los traficantes hasta alta mar. “Suelen ser insolventes. Muchos, drogadictos y analfabetos. No tienen nada, pero viven en el barrio del Zagal, en la Línea de la Concepción, sin asustarles lo que les pueda caer por llevar gasolina”, remachan expertos del Servicio Marítimo.

Hay que recordar que el simple uso o la navegación de estas embarcaciones está prohibida por ley desde 2018 y se considera un delito de contrabando. El real decreto aprobado por el Gobierno catalogando este tipo de embarcaciones como “género prohibido” les impide tocar tierra.

“Falta de agresividad institucional”

El retrato, más derrotista, que comparten otras fuentes conocedoras de esta batalla desigual de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad contra las mafias invita a reflexionar sobre la “falta de agresividad institucional”. “Los investigadores somos un parche para un problema por el que se pasa de puntillas”, afirma otro veterano de Servicios Marítimos de la Guardia Civil, que admite paralelamente la incapacidad para dinamitar un negocio millonario: “¿Vamos a hacer una cruzada contra el tráfico de drogas? Los americanos han gastado miles de millones de euros y no han conseguido pararlo. Aquí sería como ponerle puertas al mar”, subraya el agente.

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