El Pasaje Begoña, un oasis de libertad

Torremolinos

La suerte de este idílico callejó cambió el 24 de junio del año 1971 con una gran redada policial que acabó con cientos de detenidos y de extranjeros deportados

Postal del Pasaje Begoña en los años 60, con numerosos carteles de los diferentes locales.
Postal del Pasaje Begoña en los años 60, con numerosos carteles de los diferentes locales. / M. H.
Elisa Moreno

10 de febrero 2019 - 04:01

Corrían los años 60. A escasos metros de la calle San Miguel, en pleno centro de Torremolinos, se encontraba el Pasaje Begoña, icono de libertad, de apertura, de respeto y de visibilidad. Cuna de los derechos Lgtbi, en este rincón lleno de clubes, hoy de locales cerrados, cada cual podía expresarse libremente sin importar su condición sexual. Este pequeño callejón era un oásis de libertad donde se aglutinaban más de una treintena de pequeños locales de ocio, salas de fiesta, discotecas, clubes nocturnos o restaurantes donde todo el mundo era bienvenido y donde, a pesar de la dictadura, era posible ver a dos personas del mismo sexo besándose.

El Quijote, La Sirena o La Boquilla eran algunos de estos locales de ambiente nocturno frecuentados por vecinos de Torremolinos y extranjeros procedentes de todas partes del mundo y clase social, desde hijos de embajadores, literatos o artistas como John Lennon o Anthony Quinn, entre otros. Uno de los más destacados era The Blue Note, una sala de jazz propiedad de la cantante holandesa Pia Beck que, tras triunfar en el mundo entero con su música decidió establecerse en el corazón de la Costa del Sol, lejos de su tierra natal, donde se declaró abiertamente lesbiana, algo completamente revolucionario para la sociedad de la época.

Cuna de los derechos y libertades LGTBI

Este miércoles 13 de febrero se debatirá en la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados la PNL para declarar el Pasaje Begoña como cuna de los derechos y libertades LGTBI. Al acto acudirán investigadores, testigos de la época y representantes de colectivos LGTBI. Por otro lado, Torremolinos aprobó esta misma semana iniciar el proceso para recuperar el nombre de Pasaje Begoña en su callejero después de que el 1 de marzo de 1981 este pasara a denominarse Pasaje Gil Vicente. Por último, se están preparando diferentes actividades para recuperar la historia del Pasaje Begoña, como una exposición de fotografías de la mano del artista Xe Marz o una novela histórica.

“Para mí el Pasaje Begoña y Torremolinos en general fue la isla de las libertades, no solo de España, sino del mundo entero”, asegura uno de los testigos de la época, que rechaza dar su nombre, como tantos otros, para evitar que se les relacione con aquella historia. Algunos protagonistas ya han fallecido pero la gran mayoría son extranjeros o se han casado y formado una familia que desconoce parte de ese pasado.

Y es que el Pasaje Begoña era algo más que una simple localización en un mapa. Una calle que algunos comparan con el Stonewal neoyorquino, símbolo del movimiento de liberación gay norteamericano. Aunque nada que envidiar, pues el ambiente que se vivía en aquellos años en Torremolinos está lejos de la situación que entonces atravesaba la gran manzana.

El Pasaje Begoña estaba a la vanguardia de la música y del buen whisky. Y aunque por lo general las autoridades hacían la vista gorda ya se habían producido pequeñas advertencias previas con multas que alcanzaban las 3.000 pesetas. Incluso algunos de estos bares ya tenían sus propios trucos para evitar multas o posibles detenciones con la visita de los agentes, como un timbre en la puerta para avisar cuando se acercaba la policía mientras que en el interior de los locales gays y lesbianas simulaban parejas cruzadas para evitar ser detenidos. Pese a ello, el ambiente era festivo y aquellos episodios no dejaban de ser anecdóticos.

Pero la noche del 24 de junio de 1971 la suerte cambió. Una gran redada policial acabó con más de 300 personas identificadas, más de un centenar de detenidos y extranjeros deportados a sus países, dejando al Pasaje Begoña en la más absoluta decadencia durante casi 50 años. Incluso la prensa internacional como The Sunday Times o Der Spiegel se hicieron eco de la noticia.

Tras la redada hubo orden de cerrar todos los locales, por lo que empezó a degradarse

“En realidad hubo dos grandes redadas. La primera redada fue bestial y la segunda ya no sorprendió a nadie”, señala este testigo, que cuenta que “una famosa travesti de aquella época dueña de un bar cuando vio de nuevo los coches de la policía se quitó los tacones de aguja y se fue corriendo al furgón de la policía. Decía que la última vez le tocó ir de pie en el furgón y que esta vez quería llegar la primera. Ese era el ambiente, no tenían miedo”, asegura.

Tras la redada hubo orden de cerrar los locales, motivo por el que este rincón empezó a degradarse y las más de 150 viviendas comenzaron a llenarse de okupas, prostitución y droga. Medio siglo después, los mismos locales comienzan, poco a poco, a recuperar el ambiente y la estética de aquellos tiempos pasados. El primero de ellos es una inmobiliaria en honor a Pia Beck, lleva en marcha desde el mes de noviembre y en los próximos meses lo harán dos más.

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