El turismo de borrachera retorna a Puerto Banús tras el fin de las restricciones

Los visitantes suelen presentar un perfil joven y extranjero

Este tipo de turismo también se observa por el casco antiguo

El turismo árabe regresa a Marbella

Un turista desnudo arrojando objetos a la vía pública en un apartamento de Puerto Banús.
Un turista desnudo arrojando objetos a la vía pública en un apartamento de Puerto Banús. / M. H.
Mª Jesús Serrano

14 de agosto 2022 - 06:33

Marbella/El turismo de borrachera ha retornado al lujoso Puerto Banús tras el fin de las restricciones a la movilidad y sanitarias a causa de la pandemia, caracterizado por personas jóvenes y extranjeras, aunque en una menor proporción frente a otros años y se deja notar también por el casco antiguo de Marbella, según han destacado las fuentes consultadas.

El presidente de la Asociación de Empresarios de Puerto Banús, Giuseppe Russo, ha señalado que “desgraciadamente” existe en el espacio marino el denominado turismo de borrachera, asegurando que “hemos tenido quejas”. “Es un clásico y después de la pandemia hay gente con la necesidad de hacer más cosas y no es fácil controlarse", ha declarado el representante del colectivo.

Así, ha destacado que tras os años marcados por las restricciones a consecuencia de la crisis sanitaria, este tipo de turismo "se ve un poquito", resaltando "las típicas peleas entre borrachos", lo que genera " situaciones poco agradables que pasa en todos los sitios”.

Sobre el perfil, ha detallado que es" gente que en su país es más correcta, pero que viene y se transforma, en chanclas y en vaqueros" con “exceso de alcohol”, mientras “los empresarios están esperando para hacer caja”.

En este sentido, ha afirmado que tras las restricciones, el turismo de borrachera "ha vuelto y se ve por la calle", recordando que “se calmó mucho con la pandemia y está empezando a retornar otra vez", lo que se refleja principalmente en "las peleas". En su opinión, este tipo de turismo da una "imagen nefasta", por lo que solicita “más presencia policial”.

El empresario Miguel Gómez, propietario de la joyería Gómez & Molina, ha valorado que "somos más permisivos a la hora de tener a estos turistas y les dejamos manga ancha para conductas de descontrol etílico", algo que según ha remarcado "se permite más por estar en un destino como la Costa del Sol", opinando que es un “error”, ya que “ser determinante con las normas no está reñido con el turismo”.

“Parece que se ha calmado un poco, pero tenemos siempre esa espada de Damocles encima”, ha relatado el joyero respecto al turismo de borrachera, siendo el lugar que concentra el mayor volumen “Puerto Banús, pero también lo estamos viendo en el casco antiguo” de Marbella, destacando que pueden verse por ambos enclaves a “gente con el torso desnudo o borracha”, lo que “da una mala imagen”.

De este modo, ha criticado que durante la temporada estival pueden verse conductas como circular “en bikini” por la vía pública, “descalzos, escupiendo o haciendo sus necesidades en cualquier esquina” o “ir prácticamente desnudos por la calle, la gente va por la avenida Ramón y Cajal o el casco antiguo sin camiseta”, lo que “no debería de estar permitido”. Respecto a la imagen del destino que dan ese tipo de turistas, ha indicado que “no es agradable y hay que buscar un equilibrio en todo porque ciertos comportamientos no deberían de darse en la vía pública o en establecimientos de cara al público, sino en fiestas privadas o en casas”.

El pasado mes de mayo Molina ya avanzó que habían regresado las “despedidas de solteros” a Puerto Banús, y que ya se empezaron a ver por el recinto náutico grupos de personas con “muñecas hinchables” o con “penes en la cabeza”, por lo que solicita frente a ello “medidas contundentes por parte de las autoridades, tanto informativas como sancionadoras”.

Juan Carlos Clares regenta ‘Marbella segway tours & bike’, un negocio dedicado al alquiler de bicicletas y otros vehículos a motor en Puerto Banús. El empresario ha señalado que “en julio ha habido turismo de borrachera o despedidas de solteros”, aunque ha subrayado que "menos" que otros años. A este respecto, ha apuntado que el cierre del hotel Sisú tras quemarse el pasado verano "se ha notado" porque "traía mucha gente de esa historia de broncas".

Ha indicado que “la segunda calle” de Puerto Banús es la que aglutina la mayoría de los problemas relacionados con este modelo al ser donde "están todas las discotecas”, un turismo que “no se da en la zona de restaurantes". Sobre el perfil, ha apuntado que “es gente de entre 25 y 35 años que viene una semana de vacaciones”, que “no come sitios caros”, sino en lugares de comida rápida y personas de procedencia “argelina o marroquí”, pero que “viven en Francia en Bélgica”.

El propietario de la zapatería Jackie Jean Obsesión, en puerto Banús, Nabil Habib, ha destacado que “hay turismo de borrachera, coches a altas velocidades, robos, gente que pide en la calle o vendedores ambulantes con copias”, aunque ha matizado que “hay menos y no es tanto como otros años”. Principalmente es “gente joven que no gasta, solo en alcohol, con borracheras y vómitos”, sobre todo extranjera. En su opinión, estos aspectos “debilitan el prestigio de Marbella”, por lo que demanda “seguridad, proteger la Milla de Oro” y apostar por el “turismo de prestigio”.

María Morcillo participa este verano en la Feria Internacional de artesanía con Plata o pluma, un puesto en el que vende joyería. La comerciante ha señalado que “no hay un turismo exagerado” de borrachera, pero se ve “gente que viene borracha haciéndose la graciosa sin serlo y metiéndose con la gente”. La artesana ha aprovechado la ocasión para criticar la organización de la feria, con la instalación de “carpas de baja calidad, sin publicidad y sin decoración”, ofertando productos que son “reventas de China del polígono industrial”.

Una norma regula la convivencia en espacios públicos

El Ayuntamiento de Marbella cuenta con una ordenanza reguladora de la convivencia ciudadana en los espacios de uso público para regular conductas incívicas, así como niega que en la ciudad exista “un turismo de borrachera identificado como tal como sí existe en otras ciudades turísticas”.

La normativa entró en vigor en 2009 y de su cumplimiento se encarga la Policía Local, la cual tiene por objeto preservar el espacio público como “un lugar de convivencia y civismo en el que todas las personas puedan desarrollar en libertad sus actividades de libre circulación, ocio, encuentro y recreo con pleno respeto a la dignidad y a los derechos de las demás y a la pluralidad de expresiones culturales, políticas, lingüísticas y religiosas y de formas de vida diversas existentes en el municipio de Marbella”.

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