
Reflejos de Málaga
Jorge López Martínez
¿A la guerra?
Mesa 8
Tras diez años presidiendo la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, el abogado, poeta y artista, Cabra de Luna ha sido sustituido en la presidencia por la doctora y catedrática de Arte de la UMA, Rosario Camacho. No ha dejado de chocarme que la noticia se haya recogido en los medios resaltando especialmente el hecho de que sea una mujer la elegida. Cierto que es la primera que ostenta el cargo desde que fuese fundada la Academia en 1850, pero no es lo esencial para su elección. El hecho de que sea una mujer puede indicarnos que, afortunadamente, en nuestra Academia de Bellas Artes no exista ya el rancio machismo del que secularmente han hecho gala este tipo de instituciones, pero la buena ventura es que Rosario Camacho, nuestra ilustre académica, acumula méritos más que sobrados por los que ha sido elegida. Tradicionalmente, los académicos, lo han sido por pertenecer a la élite del conocimiento y tener un reconocido prestigio por la contribución en sus respectivas disciplinas, además de ser personas respetados por su sabiduría, experiencia y mérito. Todo ello adorna el curriculum de la presidenta.
Charo Camacho, como es popularmente conocida en Málaga, reúne una extraordinaria trayectoria en el campo de la docencia, la investigación, la gestión académica y la salvaguarda del patrimonio histórico-artístico. Es doctora en Historia del Arte y catedrática de Historia del Arte Moderno de la UMA; y la más importante investigadora y conocedora del barroco y el arte moderno malagueño. Creó y dirigió durante años el Departamento de Historia del Arte de la UMA y ha sido secretaria y vocal del Comité Español de Historia del Arte. Su trayectoria en el campo de la investigación y el historiográfico ha abarcado el ámbito internacional y su concepción del patrimonio histórico ha sobrepasado el ámbito universitario para ser interiorizado por la propia ciudad. Sus publicaciones son numerosísimas, tanto en libros como en artículos y ensayos. Tan brillante trayectoria le ha proporcionado, aparte de numerosos premios, la pertenencia a las Academias de Antequera, San Telmo de Málaga, Andaluza de la Historia, Historia y Bellas Artes de San Fernando de Madrid, de la de Córdoba y de la de Sevilla (igual me he dejado alguna en el tintero).
Y, en estas letras quiero también acordarme del eminente antecesor en la presidencia, José Manuel Cabra de Luna. Omito sus méritos de sobra conocidos. Por José Manuel siento, además de una sincera amistad, un profundo respeto y una gran admiración como poeta, filósofo y artista. Esta trinidad, que bebe en las fuentes de los clásicos y el Renacimiento, se ha visto reflejada en su obra pictórica y gráfica, en la que, en mi opinión, ha llegado a la abstracción más allá de lo abstracto expresándose a través del color. Por su obra gráfica “La Gran Fuga”, homenaje al poeta Alfonso Canales, llegué a entender que el más bello y profundo de los sonidos nació del mas absoluto de los silencios. Cabra de Luna representa cada sonido del cuarteto de cuerdas de Beethoven, que inspira el poema de Canales, con un color. Cada uno baila solo hasta acabar todos juntos formando una danza coral. Un alarde genial de la poética visual del artista.
Creo que en la Academia de San Telmo, Cabra de Luna ha dejado una gran herencia para una excepcional heredera ¡Enhorabuena!
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