A la sombra ?de los olmos
Tiempo de aranceles
Caleidoscopio
Entre mis precoces lecturas iniciales o iniciáticas - así lo fueron -, recuerdo la gratísima impresión que me produjo leer “El cielo está rojo”, de Giuseppe Berto, que pienso, mereció una versión cinematográfica, siendo autor de varios guiones de cine. Recordemos el que escribió con Enrico María Salerno director de la película “Anónimo veneciano”,. Fue, sin duda, uno de los incipientes creadores del llamado “neorrealismo italiano”, tan fructífero y tan pródigo en obras maestras de este género que protagonizó una historia humana realmente compleja, que le obligó a abandonar sus estudios. Su intervención en la II Guerra Mundial y su exilio en Estados Unidos donde sufrió incontables penalidades, de un campo de concentración a otro, marcarían notablemente su vida. De vuelta a Italia intentó encontrar editores. El éxito fulgurante de “El cielo está rojo” determinaría su fructífera obra literaria, consagrándole entre los escritores más prestigiosos de su tiempo. Luego publicaría “Las obras de Dios” y “El bandolero”, de la que Renato Castellani, haría una película y un programa de radio. En 1964 con “El mal oscuro” alcanzó otro hito notable en su carrera de inagotable autor de novelas y guiones para el cine y la televisión. Berto suscitó mi curiosa avidez por la narrativa italiana de la posguerra.
Creo que fue la lectura de “Historia de Roma” e “Historia de los griegos”, de Indro Montanelli, lo que me llevó a adentrarme en la obra inmensa de quien fuera la figura sobresaliente en esta narrativa italiana de la posguerra, llamado por la crítica “padre del nuevo periodismo italiano”. Encarna ese fructífero polifacetismo creativo. Su talento multidimensional trascendió en el periodismo, la novela, el teatro, el cine y la historia. Pudo serlo de la política. A ella dedicó sus agudas críticas de prensa, cuando en 1991 rechazó la propuesta de nombrarle senador vitalicio de la República. De su docta mano me adentré en esa apasionante narrativa de novelistas, poetas y dramaturgos como Cesare Pavese – uno de mis favoritos que murió tan joven ., Carlo Levi, Vitaliano Brancati, Giuseppe Tomasi di Lampedusa y su imprescindible “El gatopardo”, un trasunto épico entre los fieles al “ancien regime” y la revolución, su única novela llevada al cine con su inconfundible estilo Luchino Visconti; Vasco Pratolini – el más genuino neorrealista -, Italo Svevo, Elio Vittorini, rebelde desde niño, anarquista por naturaleza, compartió con Italo Calvino una revista literaria; amigo de Curzio Malaparte – inevitable su “Técnica del golpe de Estado” - éste favoreció su colaboración en “La Stampa”, Dino Buzzati, también periodista del “Corriere della sera”, autor de “El desierto de los tártaros”, que recreó en cine Valerio Zurlini; Alberto Moravia, también pródigo en adaptaciones cinematográficas… y Giorgio Bassani, de cuya preciosa novela “El jardín de los Finzi Contini”, el maestro del neorrealismo Vittorio de Sica, dirigió una bellísima película
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