Darío Brizuela, al desnudo con Daimiel

El jugador cajista estuvo en el programa "El Gancho" de Movistar y habló de aspectos muy personales, inquietudes en su vida y también, lógicamente, de baloncesto y Unicaja

El compromiso de Brizuela con el Unicaja

Darío Brizuela, en un momento de la entrevista.
Darío Brizuela, en un momento de la entrevista. / Movistar
J. M. O.

02 de junio 2022 - 07:55

Darío Brizuela, jugador del Unicaja, estuvo en el programa de entrevistas "El Gancho", con Antoni Daimiel, en Movistar. El donostiarra habló largo y tendido sobre su vida y su trayectoria. Fuengirola, Los Guindos y la Facultad de Psicología fueron los escenarios en los que se desarrolló la charla.

Preguntado por el apodo de la Mamba Vasca que utiliza en las redes sociales, explicó que "sale de una noche, un domingo de misa de 21:30, viendo un partido de NBA con mi hermano. Sin darme cuenta cambió mi nombre en Twitter y le hizo gracia a la gente, estaba en el EBA de Estudiantes entonces. Kobe Bryant en el baloncesto fue un referente, fue un palo, me afectó. Marcó mi personalidad, le seguía mucho, incluso retirado veía sus entrevistas y le seguía en lo que hacía. Dolió casi como la muerte de un familiar".

La charla se desarrolla en Los Guindos gran parte, un escenario especial para él. Y es que allí se proclamó campeón de las Series Colegiales cuando estaba en el instituto, en el Usandizaga. "Seguramente es el mejor recuerdo de baloncesto. Tengo muchos buenos, pero este fue especial. Fuimos campeones de España colegiales con mi padre de entrenador. Fue completamente inesperado. Tenía 16 años, la final fue contra Ramiro de Maetzu, estaba allí Sebas Saiz. A los meses estaba en el Ramiro. Cuando el Estudiantes contacta conmigo tenía 15 años, fue antes de aquello, ya sabía que me iba a ir".

"Mi madre jugó en Primera con 16 años, lo que pasa es que se lesionó pronto. Mi padre jugó y entrenó a chicas, ahí conoció a mi madre. Mi tío jugó en el Baskonia en ACB y más equipos. Jugó con Pablo Laso y Querejeta, era compañero de habitación de Pablo, se llevan muy bien, mi padre conoce a Pablo también. Me contaban que era otro baloncesto, jugaban cinco tíos solo", explicaba el jugador del Unicaja sobre de dónde viene su afición al baloncesto: "Para venir a las Series Colegiales rellenamos unos papeles y lo entregamos en secretaría, no teníamos entrenador y le propuse a mis amigos a mi padre. Lo conocían del Easo. No teníamos una cancha en el recreo, el recreo era en la calle. No teníamos gimnasio ni nada. Mi padre llevaba las jugadas apuntadas en papel. Ganamos partidos y partidos, nos plantamos en Málaga, estábamos fuera de lugar. Jugamos nuestros partidos y acabamos campeones".

En su etapa de formación vivió Brizuela anécdotas curiosas. "Estuve en el Campus de José Manuel Calderón, entrenó un par de días con nosotros. José estuvo en la cantera de Baskonia y tuvo contacto con mis tíos, pero no le llegué a decir nada. Trajo a conocer España a Sonny Weems y DeMar DeRozan. Sacaron a los que más destacábamos a jugar un 3x3 contra ellos, estaba con Alberto Díaz y Oriol Paulí y yo. A Sonny Weems le hice un mate", recordaba, así cómo fue el paso a Madrid: "Ir al Estudiantes fue un paso difícil para mí, para mis padres. Mi hermano se fue a estudiar un año antes y fue un cambio agresivo para mis padres. Yo vivía en un piso, no en una residencia. Me rompí el pie el segundo mes. Tenía que hacer cosas de adulto ya con 16 años. Y con muletas".

Reconoce Brizuela que su carácter le jugaba malas pasadas de pequeño. "Es algo forzado que tuve que cambiar. Cuando estaba en San Sebastián se me daba bien el baloncesto. Yo tenía una actitud un poco chula de joven, pero lo que viví fue duro, como amenazas de muerte en redes sociales cuando iba a un pueblo. Me han insultado, me han tirado cosas... Tenía 12, 13 o 14 años. Mis padres hicieron un buen trabajo para que fuera más tranquilo. Ser demasiado competitivo hacía que me enfrentara mucho a los árbitros. Eso sí lo cambié, pero cuando ocurrió todo esto era muy tarde y ya me había ganado una fama y no cambió", recuerda, comentando su relación con los árbitros, a veces movida. "Si preguntáis a los árbitros os dirán, sin sarcasmo, que la mayoría de veces es para aprender. Con rivales puedo hablar y les puedo intentar desequilibrar, o un halago les puede sorprender. Estás jugando y estas cosas te salen solas".

Su salida de Estudiantes rumbo a Málaga fue dura. "Sí, siento aprecio por el club. Hay gente a la que le sentó mal que me fuera, el deporte tiene una visión diferente en España. Tengo contacto con mucha gente del club. Hay gente que siente cariño, que sabe lo que pasó realmente. No quiero entrar en la historia, no es momento de sacar mi versión, es pasado. Estoy en Málaga, el Estudiantes sigue en Madrid. Me sentó muy mal, se echó mucha oscuridad a mi persona, no sólo como jugador. La gente sabe el esfuerzo que hice. Mi salida no fue como decían, para nada. Pero entendía que el deporte es un negocio y que era mejor seguir", relataba antes de contar cómo fue el paso al Unicaja, hace dos años y medio: "Llegué de sorpresa, está claro. Venía de varios años en Estudiantes, entendía que venía con un rol más secundario, yo estaba contento, no tenía ningún problema. De mi evolución estoy contento, he mejorado mucho, aprendiendo jugando al lado de jugadores de mucho nivel, pero sí es verdad que, desde que estoy aquí, el Unicaja no ha conseguido los resultados que quiere y me siento responsable de ello, como todos los jugadores".

Su estilo genera momentos encontrados. "Siempre he sido así, no puedo pretender ser un jugador diferente. Con 14 años no pasaba una, sólo quería meter y meter. He tenido una evolución en todo, pero nunca seré un defensor", señalaba antes de ser cuestionado por la selección española: "Me encantaría ir, pero no tengo indicios de si estaré en el Europeo. Intento hacer mi mejor trabajo, si eso vale para estar en la selección, pues muy bien. Trabajo para ser mejor cada día y ayudar al Unicaja. Me quedo con las relaciones que hago en el baloncesto. Puede sonar un poco raro, pero me importa más eso que ganar un título".

Brizuela estudia Psicología. "Siempre he sido curioso con la forma de pensar, los comportamientos, las emociones, me llama mucho la atención ver cómo se comporta la gente y los motivos. En Huesca tuve un psicólogo deportivo que me influyó mucho y a partir de ahí empecé a interesarme más. Me gusta mucho el baloncesto. Hay gente que dice que seré entrenador, aunque me da un poco de respeto. La psicología ayuda a acercarte a las personas, a conocerlas mejor", explicaba, mientras contaba cómo es su participación en el programa contra el bullying de la ACB: "Ayudar a la Liga me parece siempre buena idea. Cada vez que di una charla y di mi opinión, la gente cuenta sus vivencias y se crea un contexto de empatía que es muy bonito. No he vivido bullying en mi persona, pero sí lo he visto, era muy joven. Sienta muy bien oír a gente. También en Madrid iba a una residencia de chicos huérfanos. Con lo que me sorprendí es con el tipo de vida que han llevado niños desde muy jóvenes. Escucho cómo pelean con su pasado, cómo intentan salir... Sales más reforzado y aprendes más que les enseñas".

"Se han roto los tabúes de que quien va al psicólogo es porque está loco, es una gran tontería. Es una enfermedad normal del cuerpo. Antiguamente no se iba al médico por miedo al qué dirán", proseguía Brizuela, que explicaba que estuvo en un logopeda de niño: "Quería hablar tan rápido y tartamudeaba y eso me generó miedo a hablar delante de mis amigos. Estaba acojonado cuando me sacaban a la pizarra porque igual tartamudeaba. Mi madre me llevó a una logopeda, me enseñó a respirar mejor. Siempre estaba afónico con 10 años y me ayudó mucho. Tuve unos amigos que se dieron de que lo pasaba mal y me ayudaron".

Brizuela, gran hincha del Arsenal inglés en fútbol, explicaba de dónde viene esa afición. "En general me gusta ser de minorías. Mi madre es una mujer increíble. siempre le gusta llevar la contraria, a veces lo hace en cosas que no cree por sacar a la gente de quicio. En San Sebastián la gente era del Madrid, Barça o Real y yo buscaba otro club. Busqué hasta que encontré al Arsenal. Me encantaría conocer a Mikel Arteta, que es mi paisano y ahora entrenador. Me gusta mucho el fútbol. Soy un fan de un equipo y también soy jugador de baloncesto. Todo empezó de casualidad, pero es un club que tenía unos valores que me representaba, con el entrenador que tenía [Arséne Wenger]. Como no quería ser del que eran los demás, fue hasta algo enfermizo. Tengo las cosas muy claras, no me importa lo que piensen. Siempre me gustó la también mucho la Fórmula 1, me encanta conducir aunque por la profesión que tengo no puedo hacerlo".

"Hay gente que no lo entiende, que el baloncesto no es lo más importante en mi vida. Lo más importante es mi familia y su bienestar. Si alguna vez tengo que dejarlo porque interfiere con ello, no tendré duda en hacerlo", cerraba Brizuela ofreciendo su lado más personal.

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